Durante el siglo XVIII la imagen del Cristo de Gracia continúa despertando un intenso fervor en el vecindario que se manifestará a través de una nueva salida procesional en rogativa por la lluvia que tiene lugar el 19 de abril de 1734 y a la que
asisten una elevada cifra de miembros de la aristocracia, labradores y numerosos devotos. Este intenso fervor que despierta en la ciudad el Santísimo Cristo de Gracia es una de las razones que impulsa a un grupo de devotos, con el apoyo de la comunidad trinitaria, a fundar una hermandad en su honor, erigida canónicamente el 21 de enero de 1736.
En las décadas siguientes a la fundación de la hermandad se llevan a cabo proyectos de envergadura como la conclusión y dedicación de la capilla del titular, el dorado del retablo y el camarín de la venerada imagen. A finales de este siglo XVIII se
construye un altar en la capilla del Cristo de Gracia, donde se coloca una imagen de Nuestra Señora de los Dolores donada por doña Beatriz Cisterna.

