Queridos hermanos, queridas hermanas.
Desde el Equipo del Rectorado de Penitencia nos preguntamos, así como lanzamos la cuestión de, si alguna vez, nos hemos preguntado qué significa para todos nosotros vestir los colores de nuestro hábito, pues no son colores cualesquiera; son los colores de nuestra identidad: la trinitaria. Y es que, no importa si vestimos el hábito nazareno, o si se trata del costal y la faja; del uniforme, traje de chaqueta o mantilla. Llevemos lo que llevemos, siempre hay un denominador común: el binomio blanco y negro, y la cruz trinitaria.
En primer lugar, podemos comenzar un breve análisis por el citado binomio. El blanco marfil, símbolo de luz; también es símbolo de todo lo bueno que nos ocurre cada día, de aquello que rogamos al Señor y a la Virgen como intercesora para que suceda; aquello que anhelamos y ansiamos. Pero también, es símbolo de todo aquello que acontece diariamente y que pasa desapercibido porque «es lo normal». Por otro lado, encontramos el negro que, en contraposición a lo anterior, es la ausencia de toda luz y que, rápidamente, asociamos con lo negativo. Quizá por ello, pueda ser símbolo de todo lo no tan positivo que nos sucede, las pequeñas cruces con las que todos cargamos en silencio, pero que no por ello pesan menos, sean las que sean.
Seguidamente, llegamos a nuestros característicos rojo y azul. De este modo, el azul es asociado a la Verdad; mientras que, el rojo, es el color del Amor por antonomasia. Y es que, en la suma de ambos, no existe amor más verdadero que el que Dios Trinidad nos brinda a cada uno de nosotros.
Es por ello que, analizando el cómputo de todos ellos, ¿puede existir atavío más importante que aquél que aúna todo el sentir de nuestras vidas y, por ende, nuestra identidad más auténtica? En este sentido, nos preguntamos si, verdaderamente, somos conscientes de lo que significa para nosotros poder mostrar al mundo que somos trinitarios y, como tal, damos testimonio de fe católica de la mano del Santísimo Cristo de Gracia y de María Santísima de los Dolores y Misericordia.
Por tanto, querido hermano, querida hermana: cuando cada Jueves Santo te vistas con tus mejores galas, ten presente el valor de ese atuendo y todo lo que recoge, mostrando así el mayor de los respetos hacia la que es tu casa; así como el privilegio de ser bendecidos por su Gracia mediante su Misericordia.
Equipo del Rectorado de Penitencia

