Córdoba, ¡Llena eres de Gracia!

por cristodegracia

Pensaba y pensaba cual podría ser el artículo indicado para resumir este año tan especial que hemos tenido la inmensa suerte de vivir en primera persona. Estoy seguro que encontraréis mejores artículos que cualesquiera que yo pudiera escribir para tal fin. Por este motivo, pienso, humildemente, que en tan destacado año, debería quedar grabada para siempre la crónica del acto más “extraordinario”, procesionalmente hablando, que hemos disfrutado en este curso: la Salida Procesional Extraordinaria, conmemorativa del IV Centenario de la llegada del Santísimo Cristo de Gracia a la Casa de Trinidad de Córdoba.

Cierto es que ya fue publicado en la web, en su fecha correspondiente, pero pienso que dado el carácter de inmediatez de las redes sociales, es importante que dicha crónica quede grabada en la historia de nuestra hermandad de forma escrita, para que en el futuro, cualquier hermano pueda volver a revivir este momento lleno de magia y de ilusión.

Espero que mi humilde perspectiva del acto, guste a los hermanos. Lógicamente, cada cual tendrá su percepción. Esta es la mía…

Llegaba la hora y el Santísimo Cristo de Gracia, parecía que quería apurar el minutero para salir de la que durante tres días había sido su casa y, ¡vaya casa, la Santa Iglesia Catedral! De esta forma, sobre las 9 de la tarde, con la noche ya hecha dueña del cielo cordobés, se escucharon las notas de una sensacional adaptación de la banda sonora del conocido largometraje “La Misión” en el patio de los Naranjos, al tiempo que por la puerta, llamada “De las Cofradías”, se empezaba a degustar el humeante olor a incienso que desprendían el cuerpo de 8 acólitos que acompañaban al Señor.

Una ingente cantidad de público abarrotaba el vergel catedralicio de tal forma que hasta hacía difícil el tránsito de la cofradía por el empedrado sendero. Y, de repente, las andas del Santísimo Cristo de Gracia se asomaron por fi n a la puerta, regalando la primera de las sorpresas a los fieles que en aquel emblemático lugar se agolpaban: El Señor lucía en solitario encima de su calvario, sin la presencia de las Santas imágenes que tradicionalmente lo acompañan. Una estampa inédita y que maravilló a todos los allí congregados.

Guiado por un amplio cortejo formado por más de doscientos hermanos, y arropado por su Agrupación Musical, recorrió los escasos 80 metros que lo separaban de la puerta del Perdón en algo más de 30 minutos mecido por la música celestial como la de su propio himno, Gloria Tibi Trinitas o Pange Lingua. No se puede elegir un repertorio más maravilloso para despedirse del Templo catedralicio.

A la vuelta de la esquina estaba el lugar elegido para ofrecer un nuevo presente, el estreno de la marcha “La Cruz del Nuevo Mundo”. La lenvatá de esa chicotá tuvo una dedicatoria especial para nuestras hermanas del convento de la Encarnación, fantástica manera , la elegida, para adentrarse en las sinuosas callejas de la judería, donde sus estrecheces pusieron, una vez más, a prueba la capacidad y la calidad del trabajo de la impresionante cuadrilla de costaleros, así como del más que contrastado equipo de capataces.

Solo con aparecer por la Cruz del rastro, nos bastó para confirmar la sospecha de que toda la Córdoba cofrade se había echado a la calle para acompañar al Cristo de Gracia en tan ilustre celebración. Incluso hubo quien comentó: “parece Domingo de Ramos”. Yo creo que se quedaron cortos.

Con fuerza y sobriedad se encaró la subida de la calle de la feria acompasados por marchas como “Oración”, “La oración en el huerto”, “Coronación” o “Virgen de la Hiniesta”. Magnífico repertorio para tan magnífica cuadrilla, que provocó los constantes aplausos de los allí congregados. Nuestros hermanos de las Cofradías del Huerto y de la Virgen de la Cabeza, salieron a saludarnos al arco de San Francisco.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Y así lo vaticinaba el armonioso ritmo de caja china con el comienza la ya célebre marcha “El principio de un sueño” en el mismo cancel de San Pablo. Tras atravesar la plaza del Realejo, nos disponemos a asistir a otra de las citas ineludibles de la noche. La casa Hermandad de la Borriquita era el lugar elegido para este sencillo, pero emotivo acto, en el que Antonio Prieto interpretó el Himno al Santísimo Cristo de Gracia, con los acordes de la Agrupación Musical de fondo. Precioso dueto, precedido por el lujo de los versos de nuestro querido hermano Fermín Pérez, que emocionaron a los allí presentes. Y de esta guisa, nos adentrábamos en nuestro barrio, que se echó en pleno a la calle para recibir a “su vecino más grande”.

Con este espíritu de celebración, recorrimos San Lorenzo y María Auxiliadora con marchas celebres igualmente, como “Oh pecador”, “Orando al cielo” o “Alma de Dios”, entre otras; con parada obligatoria a las puertas de la Casa Salesiana, donde se dedicó la marcha “Ángeles Salesianos” en memoria de los difuntos de la Hermandad vecina del Prendimiento. La Plaza que lleva su nombre, esperaba al Cristo Mexicano con las puertas abiertas de par en par, bien guapa y engalanada para la ocasión, como no podía ser de otra manera. Costaba cada vez más contener la emoción, conscientes de que la fiesta tocaba a su fin y que el Señor se recogería en breve para reunirse nuevamente con su Madre de Dolores y Misericordia, que lo esperaba con anhelo, después de su efímero periplo cordobés.

En la puerta de la Iglesia, lo recibía, nuestra hermana, María Isabel España, para despedirlo como mandan los cánones, cantándole su última saeta como cada Jueves Santo, como antaño lo hicieron siempre los grandes saeteros cordobeses, entre ellos la siempre recordada, María la Talegona. Guión seguido, el paso enfi ló hacia su casa a sones de marchas como La Saeta, el precioso Ave María de Caccini y, para terminar como empezó todo… LA MISIÓN. Recital de ensueño para concluir una memorable jornada.

Por si a esas alturas de la noche a alguien no le había podido la emoción todavía, ya con el Señor dentro del cocherón, se interpretó la marcha “Que Dios os guarde en el Cielo”, del maestro Jesús Lora, dedicada a todos los hermanos que vieron la Extraordinaria desde el palco Vip, situado a la derecha del Padre. No me puedo despedir sin dar las gracias a todos las personas de fe, que nos acompañaron durante la noche, especialmente a nuestros hermanos de las Cofradías del Prendimiento, Caído, Conversión, Caridad, Via Crucis y Rescatado. En días tan señalados es donde relucen las señas de hermandad. Muchas gracias, hermanos.

Rondaban las 3 de la mañana, cuando Luis Miguel Carrión ordenó, por última vez, posar los zancos sobre el suelo a la voz de “ahí queó”. Se hizo un silencio sepulcral en la nave, sólo interrumpido por el rezo de un Padrenuestro que se escuchaba bajo las andas. El Señor de la Vida y de la Gracia volvía a su casa después de derramar Gracia por media Córdoba en una jornada que ya quedará grabada con letras de oro, por siempre, en los corazones de todos nosotros.

¡CORDOBA, LLENA ERES DE GRACIA!

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